«Si la finalidad del capitán fuera salvar el barco, lo dejaría en el puerto».
No recuerdo hace cuántos años escuché esta afirmación, lo que sí que sé es la sonrisa que me provoca cada vez (por más que pasen los años).
Si algo descubrimos hace años también en Pitaya es que detrás de cada CEO, propietario/a o fundador/a hay siempre un capitán que, claro que quiere que el barco esté bien, pero lo que le mueve no es salvarlo sino la motivación, la ambición y la ilusión: por los horizontes que están por descubrir, por las nuevas ciudades y puertos que vislumbrar, por las relaciones y conexiones que se generarán por el camino y, por qué no, por el crecimiento personal y profesional que crean las cosas en movimiento.
A una figura de capitán le motiva trazar la ruta y poner el foco en el rumbo, en sentir la brisa marina en la cara (o incluso navegar las tormentas) para luego recuperar el suave sonido del mar desde un páramo siempre mejor.
En los negocios, está claro que hay momentos que es mejor quedarse en el puerto – aunque incluso los barcos en el puerto necesitan mantenimiento constante – pero el mundo está hecho para explorar.
Hablando de barcos y capitanes, probablemente a estas alturas del año tengas la mente más pensando en un aperitivo en una calita tranquila que en el barco (negocio) que estás pilotando. Pero a las puertas de periodo vacacional (y ojo, que a muchos aún quedan unos días decisivos) nos parece potente tener presente esta afirmación:
«Si la finalidad del capitán fuera salvar el barco, lo dejaría en el puerto».
¿No es cierto? Te leemos.
– Verónica Ferrer Moregó, Partner & Directora de Estrategia en Pitaya.
