«Dame seis horas para talar un árbol, y dedicaré las cuatro primeras a afilar el hacha»– decía Abraham Lincoln.

Esto me conecta con algo que aprendí hace un tiempo.

Estaba haciendo series de un exigente ejercicio. Las primeras repeticiones, las hacía de manera fresca pero, a medida que acumulaba, me iba cansando y, las últimas, apenas podía acabarlas. No obstante, la entrenadora, siempre me decía: sigue así. Los beneficios se derivan de las últimas repeticiones. Es en las últimas cuando estás ampliando tus capacidades y límites.

¿Y cómo aplica al ámbito empresarial?

En contextos exigentes es preciso saber desde dirección qué es afilar el hacha para la compañía o, cuáles son las últimas repeticiones que generarán beneficios.

No subimos hasta el nivel de nuestras expectativas, más bien caemos hasta el nivel de nuestro entrenamiento. – decía Arquíloco.

Como bien sabes el entrenamiento, en la estrategia empresarial, es practicar la concentración cuando no es necesaria, analizar de manera inteligente para canalizar la capacidad resolutiva hacia las cosas importantes y detectar cuando se está generando dispersión para practicar el músculo de volver a centrar la atención en lo necesario.

Porque, a veces, es prioritario observar.

Y sentarse en un tronco a afilar el hacha.

Y concentrarse en las últimas repeticiones que, aunque cuesten, son las que cuentan.

Gracias por estar aquí. Seguimos cerca.

– Verónica, Consultora en Pitaya Business.